El arte es la materialización de un delirio

El arte es la materialización de un delirio

jueves, 5 de noviembre de 2015

Herencia artística

Queridos amigos, hoy se cumple un año del fallecimiento de mi padre y lo que me pide el cuerpo es hablaros de él. Me preguntan habitualmente como surge la vocación de escultor y aún no lo tengo claro, pero la única respuesta que encuentro es porque lo he "mamao". Tuve la suerte de ser hijo de uno de los grandes escultores españoles, trabajador y prolífico como ninguno. Tener la oportunidad de jugar desde pequeño con una pella de barro y un palito y que tu madre no te diga nada cuando llegas a casa con la ropa manchada (porque es lo habitual) es un gozada. Así empezó lo que soy hoy
 
 
 
Marino Amaya no lo tuvo fácil, pero la vida te lleva por el camino que impone lo quieras o no, así que ahí tenéis a mi padre, jovencito, sin un duro en el bolsillo, recién llegado a la Capital pero con un talento y una capacidad creativa que le desbordaba. No tardó en hacerse un hueco en el mundo del arte ya que la calidez y la emoción que transmitían sus obras superaba con mucho su timidez. Sus esculturas infantiles empezaron a llenar los parques de España enterneciendo a la sociedad con aquellos niños regordetes, a veces tristes y a veces juguetones.
 
 
 
Nunca comulgó con los círculos artísticos ni con las galerías de arte, pero sus exposiciones eran un acontecimiento social. No sólo porque sus esculturas tenían un estilo nunca visto hasta entonces, sino porque la ternura que imprimía a sus obras, la llevaba implícita el propio artista. Y todos querían contagiarse de esa humanidad que le caracterizaba
 
 
 
Poco después empezarían a llegar los reconocimientos, la inauguración de su exposición en el Salón de Otoño por parte de los Reyes, sus visitas a Zarzuela para modelar a los Príncipes, sus viajes a Brasil y Nueva York y su entrevista con Su Santidad. Fueron buenos tiempos, papá.
 
 

 
Con el paso de los años, Marino Amaya evolucionó. Las líneas pasaron a ser mas suaves y las formas mas rotundas. Le cantó al amor, a la vida y a la naturaleza. Abandonó las fiestas y los fastos para dedicarse a crear. Simplemente. A dar forma a sus inquietudes, sus necesidades y sus pasiones. Porque si algo caracterizó a Marino Amaya era su pasión por la vida, por las cosas sencillas, por los sentimientos humanos.
 
Hace un año que te fuiste papá, pero allá donde estés, se que me miras, que me animas y que me empujas. Se que estás orgulloso, pero mira papá. Mira esta foto. Hay futuro